Carta a un amigo

24.01.2013 00:00
José Manuel Pérez Gomez

 

Mi querido amigo

Fue una lástima que a última hora, las circunstancias no te permitieran realizar el Camino de Santiago, que con ilusión llevábamos preparando tantos meses. Como estoy seguro que sabrás reponerte, así se lo hemos pedido todo el grupo al Santo, aprovecho este rato libre para contarte las vivencias que hemos tenido a la largo de 159.663 pasos. Son los que al final de nuestras etapas señalaba el marcador que llevé en el cinto.

Para que trabaje tu imaginación, te recuerdo sin nombres, cómo se formó el grupo. Hubo un peregrino que en su interés por hacemos más agradable el Camino, no paró de contar anécdotas, lo que unido a su indudable acervo cultural, nos obligó a llamarle peregrino Ministro de Cultura. También se unió a nuestro proyecto el adjudicatario del puesto de primer peregrino. Este privilegio se le ganó porque tenía la experiencia de otra peregrinación, además de que andando hacía escapadas por libre.

Complemento de éste, fue un peregrino al que conoces perfectamente y no te será difícil identificar. Independiente y mordaz, formaban un magnífico dúo. También desaparecía, se perdía bien por la carretera, bien en un albergue, en donde decía que intentaba vender no se qué a los chavales allí alojados. Luego llegaba con un paquete de almendras o de dátiles que repartía entre todos. Su humor resultaba fundamental, sobre todo para gastar bromas a los caminantes, y muy especialmente, ya más distendido en el comedor, a las chicas de la mesa contigua. No se echó nunca la siesta. También hay que decir, que nos arregló la media de edad del grupo (65,33 años), por ser el más joven y también el más bajito.

Particularmente, aporté al grupo dos amigos. El primero de ellos, destacado empresario, tiene la facultad de dominar, que yo sepa seis idiomas, le denominamos nuestro peregrino políglota. Además destacamos la faceta de empresario, porque en sus observaciones y conclusiones, siempre había una respuesta de utilidad práctica. Nuestro peregrino políglota apenas comió más que pan y ensalada, y aguantó estoicamente nuestras comilonas, y quizás hasta disfrutara viéndonos comer. Siempre solícito con los demás, se preparó con un alijo de vitaminas para todos, piel artificial, etc.

Por último, nuestro peregrino más tranquilo. Puede que su caminar le permitiese adelantar en determinados momentos a otros del grupo. Pero no, nunca adelantó, probablemente porque la retaguardia satisfacía mejor su afán de observación. Este peregrino había vivido en el campo mucho más que los restantes componentes del grupo, así que cuando queríamos conocer algo de agricultura o ganadería, aprovechábamos sus conocimientos. También dio sobradas muestras de conocimiento de la industria, y dado que nosotros no despachamos título inferior al de ministro, le denominamos peregrino más lento o peregrino ministro de Agricultura e Industria.

La contabilidad de los gastos, fue única y a mi cargo, por lo que me autodenominé Ministro de Hacienda. Al final del viaje totalizamos un gasto de 2.431,6 €, es decir, céntimo más céntimo menos, a 405 € por peregrino, en donde quedaron incluidas comidas y alojamiento. A continuación te comento etapa por etapa.

Domingo 14. Madrid Sarria, en tren

Puntualmente acudimos a la estación de Chamartín, y nos dirigimos hasta el vagón que nos correspondía para el grupo. La primera impresión fue de que ahí no íbamos a estar nada cómodos, pero con la resignación del peregrino, después de charlar un buen rato, fuimos ocupando nuestras camas por tumo, ya que en el vagón no cabían más de dos personas de pié. Nos acostamos e intentamos dormir. Por cierto, que a media noche, alguno de grupo salió al servicio y al intentar volver al vagón, no se acordaba del número, inconveniente que tuvo que resolver abriendo las puertas de losdepartamentos, hasta que dio con el nuestro. Algún grito de señora asustada se oyó.

Lunes 15 de Sarria a Portomarín (22 km)

A las seis y diez y sin olvidar ningún bulto, bajamos del tren y nos dirigimos a la cantina. No éramos los únicos, y la cantina a esa hora, con tanta mochila y tanto bordón parecía una parada militar. Pero no era la guerra, desayunamos, sellamos la credencial y dimos comienzo a la peregrinación. Dos impacientes peregrinos del grupo salieron rápidamente y como todavía no había amanecido, se equivocaron de rata, teniendo que volver sobre sus pasos y, naturalmente, haciendo unos kilómetros de propina.

La caminata a la luz de la luna, es una experiencia verdaderamente interesante, no diré que romántica porque el olor de los establos nos volvía a la dura realidad. A media mañana pudimos observar las nubes por debajo de nuestra altura que como boina de plata cubrían una gran extensión sobre el Río Miño. Naturalmente que ese espectáculo quedó plasmado en nuestras primeras fotos. El camino fue, en general, muy bonito, pero sin quitar un ápice a la belleza, hay que señalar que la bajada hasta llegar a Portomarín fué un “rompepiernas”. Nos alojamos en el Hotel, después de la ducha y la comida, visitamos la Iglesia que había sido trasladada piedra a piedra, de lo que damos fe por la numeración que todavía era visible. La reglamentaria siesta nos concedió la fuerza suficiente para visitar el Monasterio de Samos, en donde el más políglota de nuestro grupo tuvo que hacer de intérprete entre un polaco y el monje.

Martes 16.- de Portomarín a Palas de Reí (24,3 km)

Como era una etapa larga, salimos a las 7 h. 45 m. A la salida de la ciudad hubo que cruzar un largo puente sobre el Río Miño. La verdad es que uno no es fatalista, y al ver que ya habían cruzado delante otros peregrinos, la lógica nos decía que no se iba a caer precisamente cuando pasáramos nosotros, pero los cierto es que el puente se movía más de la cuenta, como esos de madera que cruzan ios nativos en la selva.

Camino duro en toda la etapa, gran parte del recorrido por carretera. Al final, la mayoría llegamos a Palas de Rei más muertos que vivos. Alguno incluso se fue directamente a la cama renunciando a la comida. El resto no tuvimos el valor de renunciar a la comida y entre bromas y alimentos, recuperamos fuerzas. Por la tarde visitamos la Iglesia de San Tirso y el albergue. Se pagó la cuenta de la cena con el dinero que el peregrino llevaba en el cinto, operación que no pasó inadvertida para nadie, pues ya nos encargamos los del grupo de llamar la atención por el aparente “striptease” que estaba haciendo. Y como siempre se aprende algo, otro del grupo se percató de la utilidad de la cremallera interior en el cinto. “Hacía cinco años que me habían regalado un cinto así y no sabía para qué servía la cremallera”- dijo.

A las diez y media, al pasar por el albergue camino del hotel, el más inquisidor del grupo “regañó” a los jóvenes que tranquilamente charlaban, indicándoles que mañana había que madrugar. Nadie se enfadó con las bromas, no sólo en este momento, sino a lo largo del camino, y gastamos unas cuantas. De vuelta al hotel, tocamos “el silencio” con la armónica y para despertamos “Las mañanitas”

Miércoles 17 de Palas de Rei a Melide (15 km)

Como la etapa era corta, entre imas cosas y otras, salimos cerca de las nueve, el camino cómodo y en su mayoría recorrido entre árboles. Poco antes de llegar a Melide visitamos la Iglesia de San Juan de Furelos, enclavada en un bonito paisaje con su río y su puente romano, y nos hicimos fotos con el Cristo de la Iglesia y con la guía turística. En Melide comimos en la pulpería Ezequiel. Como en otros muchos lugares, sellamos la credencial, operación que se estaba convírtiendo en una especie de “caza del sello”, al sellar en Iglesias, restaurantes, albergues, cafeterías, etc. Visitamos la iglesia y el museo etnográfico, vimos un cartel de “se compran bajos”, y como en todo grupo además de un alto siempre hay un bajo, el cartel nos dio pié para gastar alguna broma a nuestro bajo del grupo, incluso demandar cuánto nos daban por él, pero como buen peregrino aguantó estoicamente. Cenamos opíparamente en el Bodegón Celta bien acompañados de vino, cánticos y toque de armónica.

Jueves 18 de Melide a Arzúa (15,6 km)

En teoría era una etapa de pocos kilómetros, aunque ya nos advirtió nuestro más experimentado primer peregrino, que la medición estaba mal por escasa. Efectivamente, por lo menos kilómetro y medió no estaba contabilizado, claro que esta distancia se nos hizo rutinaria en muchas etapas, cuando creíamos que habíamos llegado, faltaba kilómetro y medio. Por otra parte, los toboganes del camino con pronunciadas subidas y bajadas, contribuyeron a que no fuera una etapa tan fácil. El paisaje bonito daba paso a un camino generalmente entre árboles.

En Hostal donde pernoctamos, cenamos huevos fritos con chorizo, y tres de nuestros peregrinos jugaron una partida de mus con el duefio.

Viernes 19 de Arzúa a Pedrouzo (Arca) 18,8 km.

Etapa larga y con toboganes que se desarrolló, en su mayor parte, entre árboles. Nuestro peregrino Ministro de Cultura, por culpa de las ampollas, empezó a sentir molestias en la planta del pié. Aguantando y sufriendo más de la cuenta, llegó hasta la casa rural, que estaba a la entrada del pueblo.

Pero tuvimos suerte. Con un sol radiante al igual que en días anteriores, llegamos a la casa rural que teníamos reservada, en donde además de disfrutar de su inmejorable emplazamiento, belleza y buen gusto en la decoración, pudimos damos un chapuzón en la piscina, cuestión por la que tuvimos momentos de remordimiento de conciencia, ya que desde el agua veíamos pasar a los sudorosos peregrinos cargados con sus enormes mochilas. En la cura de nuestro peregrino continuamos con la suerte, porque allí se alojaba, también como peregrino, el entrenador nacional del equipo femenino de gimnasia, quien no solo proporcionó material idóneo para la cura, sino que la ejecutó, eso si, ayudado convenientemente por nuestro peregrino políglota. Al igual que la comida, la cena se prolongó con cánticos y armónica.

Sábado 20 de Arca a Santiago de Compostela (20,1 km)

Nos levantamos para desayunar a las ocho, sin incidentes en la etapa, si bien, ya en Santiago el trayecto hasta el hotel se hizo interminable. Comimos, y a continuación fuimos a la Oficina del Peregrino a por la Compostela. Nos tomamos un par de horas libres para cuidarnos los pies, dormir, leer o comprar. Cada cual se organizó como le convino hasta las ocho que habíamos quedado en el hall del hotel. Cenamos y dimos un paseo por la Plaza del Obradoiro para ver la Catedral iluminada.

Domingo 21 de Santiago de Compostela a Madrid

Desayunamos, hicimos las cuentas y fuimos regresando a Madrid. Como mi avión sale por la tarde aprovecho para narrarte esta crónica, pues me hace ilusión que la recibas con matasellos de Santiago de Compostela. Me dio tiempo para asistir a la Misa del Peregrino, ver volar el botafumeiro, y recordar la camaradería que existe en el Camino de Santiago. Ya te contaré más anécdotas, pues ahora no quiero perder el vuelo.

Un fuerte abrazo

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